¿QUÉ ES EL CONTENIDO DE LA EDUCACIÓN CRISTIANA?

Por: Revdo. Dr. José Abraham De Jesús-Rivera

 

Esta parece ser una pregunta muy fácil de contestar, y en realidad lo es. Sin embargo, existen unas implicaciones para nosotros como educadores cristianos que no podemos pasar por alto. Además, no podemos hablar de el contenido, sin pensar en todas las dimensiones del alcance de éste. Eso es precisamente lo que queremos hacer en estos cortos párrafos.

Comenzaremos por definir el “contenido de la educación Cristiana” como todo lo que se enseña en un proceso educativo y todo lo que el alumno aprende. Pero, obviamente esta es una definición muy general, por lo cual se hace necesario hablar de parámetros específicos.

Para establecer esos parámetros cada currículo habla del “alcance del contenido”. Esto en inglés se le llama “the scope”. James Michael Lee dice:

“Pedagógicamente hablando, “el alcance” se refiere a la extensión, la gama la variedad de los tipos de experiencias educacionales que se le proveerán a los alumnos durante una situación de enseñanza-aprendizaje.” (1)

Como bien se sugiere, no es posible tener un currículo sin definir exactamente cuál será la extensión del contenido de éste o cuales van a ser los tipos de experiencias educativas que se espera proveer en dicho currículo.

El “alcance del contenido” por lo tanto delimitará los parámetros necesarios para poder hacer que el currículo responda a las metas y objetivos con los cuales ha sido diseñado. Es por lo tanto pertinente hacernos la pregunta; ¿Qué se incluirá en este currículo? Dicha pregunta no se limita solo a un currículo, sino que, inclusive podemos hacerla a una lección o a un programa.

En muchos de nuestros currículos hispanos el “contenido” se ha limitado solamente a contenido bíblico. La meta u objetivo ha sido que las personas aprendan Biblia. Esto no es negativo, pero ha dejado atrás otras materias y áreas que es necesario que los cristianos miembros de iglesias aprendan. A pesar de que el conocimiento de la Biblia es básico a la fe cristiana, hay otra serie de áreas y dimensiones en las cuales nosotros como cristianos o cristianas nos movemos.

Charles Glock, en un artículo para la revista ”Religious Education“ (2) afirma que hay cinco dimensiones en el comportamiento religioso. Estas cinco dimensiones juntas componen la vivencia religiosa de una persona. Cada una de estas dimensiones requiere reflexión y aprendizaje. Algunas de ellas son resultado de otras, pero todas se entrelazan para formar ese ser que llamamos ”cristiano o cristiana.“

La primera, de estas dimensiones la podemos llamar la dimensión teológica. Esta tiene que ver con todo el marco teológico que comprende nuestras creencias religiosas. Como bien podemos notar, hay una serie de creencias que todos aceptamos como eternas y básicas a nuestra fe. Hay otras que han estado en discusión a lo largo de la historia de la iglesia y que hacen y establecen nuestras creencias particulares como denominaciones cristianas y/o protestantes.

La segunda dimensión de que habla Glock, es la dimensión ritual. Esta tiene que ver con nuestras prácticas de culto y adoración. No es necesario mencionar que hay diferencias de culto entre nuestras denominaciones. ¿Que produce esas diferencias? ¿Conoce nuestra gente la teología que genera un estilo u forma de adoración específica? Para mucha gente uno de los aspectos fundamentales de su vida religiosa es la adoración, y sin embargo, muy pocas veces conoce la teología detrás de ella y las razones históricas de un estilo particular de adoración.

Otra es la dimensión experiencial. Esta tiene que ver con los sentimientos religiosos que se generan en las personas. En algunos grupos esta dimensión tiene una alta prioridad porque genera diferentes respuestas, por ejemplo; compromiso, culpa, estabilidad, esperanza, frustración, precariedad, gozo, paz, etc. La dimensión experiencial es parte de la vida cotidiana de los seres humanos y define las formas en las cuales diferentes experiencias son procesadas en relación a nuestras creencias.

La cuarta dimensión en el comportamiento religioso es la intelectual. Esta dimensión provee el marco de aprendizaje a través del cual se dan los procesos racionales. Pero también incluye el conocimiento religioso como un proceso del intelecto. No significa eso que toda la experiencia religiosa se somete a la aprobación de la razón, porque sabemos que hay otras áreas donde la fe sobrepasa el entendimiento racional. Esto es lo que James Lowder (3) en su libro ”The Transforming Moment: Understanding the Convictional Experiences“ llama, ”las experiencias conviccionales,“ las cuales están más allá del análisis puramente racional, pero que a la vez se informan por este proceso.

La última dimensión de la que habla Glock es la efectiva. Esta se refiere al efecto que produce la vida religiosa en los seres humanos. Como las otras dimensiones se traducen en una vida de acción iluminada por un compromiso con el evangelio. Obviamente, Glock no menciona el evangelio puesto que él afirma que estas dimensiones se dan en todo proceso religioso independientemente que religión sea.

Si la tarea de la educación cristiana es nutrir a los miembros y las miembros de la iglesia (niños, niñas, jóvenes, adultos), entonces, tenemos que tomar bien en serio la diversidad de experiencias que necesitamos proveer. Es por lo tanto en la definición del alcance del contenido de la educación Cristiana donde tratamos con todos estos aspectos a fin de ser inclusivos y proveer la mayor variedad de experiencias. Obviamente, teniendo en cuenta otros aspectos fundamentales relativos al grupo que estamos educando.

 

AREAS IMPORTANTES DEL CONTENIDO DE LA EDUCACIÓN CRISTIANA

No es el objetivo nuestro limitar aquellas áreas que deben ser incluidas en el contenido del currículo, de una lección o de algún tipo de experiencia de aprendizaje. Nos mueve el deseo de incluir aquellas que consideramos son vitales en el desarrollo y la transformación de nuestros miembros en las iglesias cristianas. Si el contenido es “todo lo que se enseña en un proceso educativo”, bien nos vale comenzar a poner los parámetros necesarios para poder entender cuáles serán aquellas áreas del quehacer religioso, del pensar, de la experiencia, la vivencia que deberán ser atendidas con especial interés en dichos procesos.

A continuación presentamos aquellas áreas del contenido de la educación Cristiana que creemos son vitales en todo proceso educativo a fin de nutrir nuestra membresía.

 

I. LA LITERATURA BÍBLICA:

Corrientemente afirmamos que la Biblia es nuestro libro de texto. Si ésto es así, queremos plantear dos tipos de acercamiento a la Biblia. El primero es el acercamiento devocional. En él esperamos que la Palabra le hable a nuestras necesidades espirituales. En esta lectura encontramos la palabra de vida y esperanza en la crisis, al igual que la palabra de gozo y de alegría. La aprendemos de memoria, y la recitamos buscando en ella los verdes pastos que alimentaran nuestros espíritus.

El otro acercamiento es el de estudio crítico. Estudiamos la Biblia para poder entender la voluntad de Dios en medio de la historia. Pero al así hacerlo, lo hacemos entendiendo que éste no es un libro fácil. Que se escribió en una fecha distante de nosotros, en un lenguaje diferente, en unos contextos socio-políticos totalmente diferentes a los nuestros. Que fue la obra de muchos autores, unos conocidos, otros no. Entendemos que hay formas y estilos literarios que se utilizaron con unos propósitos específicos. Todo esto, y aún otros aspectos constituyen el “alcance del contenido” del estudio de la literatura bíblica.

Desgraciadamente muchos de los currículos y los materiales que usamos no son lo suficientemente abarcadores para permitir el estudio profundo de la Biblia. Muchos pasajes de relevancia se les pasa por encima, a vuelo de pájaro, a fin de cubrir cierta cantidad de material. Si afirmamos que en nuestras iglesias no se conoce la Biblia como se debería conocer, no estaremos haciendo un juicio crítico que sea del todo incorrecto.

Por otro lado, el estudio de la Biblia no puede ser solamente el estudio de lo que se dijo o se hizo allá, sino de las implicaciones que ello tiene para nosotros en nuestro contexto histórico y en nuestra vida personal y comunitaria.

 

II. LA MEMORIA COMÚN DE LA IGLESIA:

Hace un tiempo, en una conferencia que le ofrecimos a un grupo de educadores y educadoras cristianos afirmamos; ”la iglesia no nació ayer, ni nació en America Latina.“ Lo que queríamos decir es que la iglesia es más antigua de lo que a veces nosotros creemos. Como cristianos hoy, nosotros y nosotras somos engendro de un pasado. De un pasado en la memoria común de la iglesia que nos hace ser parte de ella. De los santos y santas que nos antecedieron y de sus hechos que permitieron que el evangelio llegara a nosotros. Hombres y mujeres fieles al evangelio, que anduvieron con Jesús, que murieron en el circo romano, que fueron pensadores, que fueron arrastrados por creer en diferentes corrientes teológicas, otros y otras que abdicaron de la fe. Nosotros somos el producto de esa memoria que continua viva por medio de la fe.

Esa memoria implica dos aspectos fundamentales que como cristianos debemos conocer, la historia de la Iglesia y las tradiciones de ella. Estas dos áreas se han dejado solamente a los pastores como parte de un currículo de estudios en un seminario teológico. No implicamos tampoco, que el estudio de la historia de la iglesia sea el conocer cada detalle y cada fecha, lo que queremos afirmar es que hay páginas en esa historia que nos ayudarían a entender un poco más, especialmente a los miembros de iglesias, los errores del pasado, (Si, porque la iglesia ha cometido errores y pecados.) Y librarnos de cometerlos otra vez. O entender las razones históricas de nuestras diferencias.

Pero de la misma forma que la historia se escribe con hechos y datos, hay una historia que se hace en la costumbre y la práctica religiosa, a esa llamamos tradición. Y la tradición ha formado un aspecto esencial en el desarrollo de la iglesia. Esas tradiciones se han manifestado en nuestro canto y en nuestro culto, y un poco mas explícitas en nuestras variadas formas de gobierno y nuestros estilos particulares.

Es una pena que estas áreas quedan olvidadas. Hace un tiempo atrás, se conmemoraba la celebración de la reforma protestante. Con las tres iglesias que yo tuve contacto ese fin de semana, ni una de ellas mencionó el acontecimiento. Pero dos de ellas tenían ”fiesta de brujas“ (diabólica empresa), y la celebración de la reforma protestante de Martín Lutero quedó relegada al olvido.

La historia de la iglesia y su tradición es nuestra historia, para ser conocida y apreciada. En algún punto ”el contenido“ de la educación cristiana ésta tiene que ser estudiada.

 

III. LOS RITUALES Y EL CULTO CRISTIANO:

Si les preguntamos a ustedes, ¿Qué es la adoración? ¿Qué responderían? Pero, preguntemos a uno de nuestros hermanos y hermanas. Pregúntelo en su clase. Es interesante ver las respuestas.

El contenido de la educación cristiana tiene que ayudarnos a entender lo que significa para nosotros el culto cristiano. En pocas palabras; ¿Cuál es la teología de la adoración que sostiene lo que nosotros hacemos cada domingo? Y no solamente lo que hacemos, sino; por qué lo hacemos.

Sabemos que los cristianos del primer siglo adoraban a Dios. Tenían prácticas religiosas como todo ser religioso. Ya hemos afirmado que esta es una de las dimensiones del ser religioso, por lo que hay que estudiarla y entenderla. La educación cristiana tiene que proveer las respuestas a esas preguntas, y si posible, utilizar los diferentes modelos y formas de culto a fin de que el cristiano y la cristiana sepa y comprenda lo que ocurre en el culto cristiano y lo pueda hacer relevante y más significativo a su vida.

 

IV. LA DOCTRINA CRISTIANA:

Esta es otra área vital en el crecimiento del cristiano. Como afirmamos anteriormente, hay unas verdades en la doctrina cristiana que son eternas, que no cambian. Verdades que tienen que ver con la profundidad de nuestra fe. Para conocer estas verdades tenemos que entrar en el plano del estudio de la teología. La teología es el quehacer de la iglesia. Ello expresa lo que los cristianos piensan, hacen y sienten. La teología se da como resultado de una forma cognoscitiva de vivir la fe y expresarla en axionas y postulados. Pero la fe del cristiano sirve como iniciadora, contexto y filtro de toda teología. Por eso es un quehacer de la iglesia.

La teología tiene modos que responden a una percepción particular de la realidad y a una forma de correlacionar el evangelio con esta. La teología de la iglesia siempre ha respondido a la situación de crisis de un pueblo, y a su percepción y visión de la presencia de Dios. Aún desde la Biblia es interesante notar que la teología crece en el momento de la adversidad. Los mejores períodos teológicos en la vida del pueblo de Israel fueron aquellos cuando el pueblo estuvo en cautiverio, especialmente el babilónico.

Tal parece que hablar de teología suena algo ”sofisticado,“ pero la misma exclamación ”Jesucristo es el Señor,“ no es otra cosa que una afirmación teológica.

Pienso que nuestros procesos educativos cristianos deberían ser más intencionales en la reflexión teológica, y especialmente tratándose del pueblo hispano que se encuentra en la diáspora, que es un pueblo peregrino y pobre. Hacer una teología en nuestro medio puede ser la respuesta a las crisis que sufrimos al venir a una tierra extraña.

 

V. LA VISIÓN DEL REINO DE DIOS:

La visión del Reinado de Dios no es otra cosa sino la interpretación de la misión de la iglesia en nuestro mundo y en nuestro momento histórico. Entendemos que Jesús como el Cristo vino a establecer un nuevo reino, el Reinado de Dios. Ese reino es uno que se identifica con el amor, la paz y la justicia.

¿Hasta qué punto enfrentamos el tema de la misión de la iglesia en nuestras clases, estudios y reuniones? ¿Cuántas iglesias tienen una ”declaración de misión,“ que dirija sus trabajos en las comunidades que intentan servir?

Esta visión del Reinado de Dios tiene que ser parte del proceso educativo a fin de que las personas puedan ir reflexionando y articulando la razón de ser de los cristianos y de la iglesia cristiana.

 

VI. ASPECTOS DENOMINACIONALES:

Otra parte del proceso educativo cristiano tiene que incluir los aspectos denominacionales que nos caracterizan y distinguen. Sabemos que a menos que usemos un material denominacional, este aspecto no será cubierto por otros materiales o será cubierto con relación a la denominación que produce dicho material.

Pienso que cada cristiana y cristiano, independientemente su iglesia, debe conocer sus raíces, su historia, su forma de gobierno, su estructura y si posible aquellos medios que brinda la denominación para la participación más amplia en la vida de ésta. Cada iglesia tiene sus materiales denominacionales preparados a este respecto, pero tenemos que ser mas intencionales en su uso.

 

CONCLUSIÓN

Hemos pretendido que ustedes entiendan cuáles son aquellos aspectos que consideramos necesarios como parte del contenido del proces educativo. Como afirmamos, hay otras áreas que pueden cubrirse, pero entendemos que estas deben ser de facto, áreas de interés en todo proceso enseñanza-aprendizaje.

 

BIBLIOGRAFIA

 

Glock, Charles Y. “On the Study of Religious Committment” in Religious Education, July-August 1962)
Lee, James Michael. The Content of Religious Education. Alabama: Religious Education Press, 1985.
Lowder, James E. The Transforming Moment: Understanding the Convictional Experiences. San Francisco: Harper & Roe.


Copyright © 2010 Rev. Dr. José Abraham DeJesús-Rivera ---. Todos los derechos reservados/All Rights Reserved.